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Urología de la mujer

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Incontinencia urinaria

La incontinencia urinaria es la pérdida involuntaria e incontrolada de orina. Podemos diferenciar 2 tipos de incontinencia, la relacionada con los esfuerzos y la de urgencia. El tratamiento es diferente para ambas. La evaluación completa de cada paciente permite determinar los mecanismos involucrados.

Una valoración general precisa: una entrevista minuciosa, un examen clínico urológico y/o ginecológico y una ecografía. Ocasionalmente pueden ser necesarias exploraciones complementarias como cistoscopia, flujometría, medición del residuo postmiccional y también una evaluación urodinámica.

Incontinencia urinaria de esfuerzo:

Escapes de orina con la tos, estornudos, risa, caminar, cambios de postura, etc. Se relaciona con la debilidad de los músculos del suelo pélvico, una falta de sujeción de la uretra y una incompetencia del esfínter asociada.

El tratamiento inicial en casos leves y moderados es la rehabilitación del suelo pélvico. En casos graves o si no hay mejoría, se ofrece una corrección quirúrgica. La colocación de una malla suburetral es una técnica segura y sencilla con resultados satisfactorios en el 85% de las pacientes.

Hiperactividad vesical e Incontinencia urinaria de urgencia:

Sensación de micción urgente, imperiosa, difícil de contener. En ocasiones puede asociarse a escapes de orina. Generalmente está causada por la contracción involuntaria del músculo detrusor durante el llenado vesical.

Disponemos de varias opciones terapéuticas:

  • Reeducación vesical y cambios dietéticos

  • Fármacos anticolinérgicos y agonistas de los receptores B3

  • Neuromodulación (estimulación del nervio tibial posterior)

  • Inyección vesical de Toxina Botulínica

Prolapsos suelo pélvico

El prolapso genital es el descenso de un órgano a través de la vagina. La paciente puede notar sensación de bultoma o peso genital, dificultad para vaciar la vejiga, cistitis, molestias con las relaciones sexuales o estreñimiento entre otras. También puede asociar incontinencia urinaria.

Podemos distinguir el Cistocele (vejiga caída), Rectocele (prolapso del recto), y Colpocele (descenso del cuello del útero). Se deben a una falta de soporte del suelo pélvico, porque sus músculos y ligamentos están debilitados por embarazos, partos complicados, episiotomía, estreñimiento o tos crónica, histerectomía o menopausia.

Es necesario un estudio completo para su evaluación, examen físico uro-ginecológico, ecografía, flujometría y en ocasiones estudio urodinámico.

En casos leves, la primera opción de tratamiento sería la rehabilitación de suelo pélvico. Los casos graves, se corrigen con una intervención quirúrgica mínimamente invasiva, la colposacropexia laparoscópica o robótica, técnica de elección con menos tasa de recaídas. En pacientes de edad avanzada, la colocación de un pesario puede ser una buena alternativa.

Cistitis

El prolapso genital es el descenso de un órgano a través de la vagina. La paciente puede notar sensación de bultoma o peso genital, dificultad para vaciar la vejiga, cistitis, molestias con las relaciones sexuales o estreñimiento entre otras. También puede asociar incontinencia urinaria.

Podemos distinguir el Cistocele (vejiga caída), Rectocele (prolapso del recto), y Colpocele (descenso del cuello del útero). Se deben a una falta de soporte del suelo pélvico, porque sus músculos y ligamentos están debilitados por embarazos, partos complicados, episiotomía, estreñimiento o tos crónica, histerectomía o menopausia.

Es necesario un estudio completo para su evaluación, examen físico uro-ginecológico, ecografía, flujometría y en ocasiones estudio urodinámico.

En casos leves, la primera opción de tratamiento sería la rehabilitación de suelo pélvico. Los casos graves, se corrigen con una intervención quirúrgica mínimamente invasiva, la colposacropexia laparoscópica o robótica, técnica de elección con menos tasa de recaídas. En pacientes de edad avanzada, la colocación de un pesario puede ser una buena alternativa.

Dolor pélvico crónico

El síndrome de dolor pélvico crónico (SDPC) se define como la existencia de dolor de duración mayor a 6 meses referido a estructuras de la pelvis, en ausencia de patologías que puedan originar dicho dolor (tumores, infecciones, prolapsos…). Puede afectar tanto a hombres como a mujeres, y suele asociar síntomas miccionales, sexuales, ginecológicos, intestinales e incluso alteraciones emocionales y de carácter.

El diagnóstico de estos problemas puede ser largo y complicado, ya que debemos descartar otras enfermedades que puedan provocar el dolor. Una vez conocido el problema, escogeremos el mejor tratamiento para cada paciente, la mayoría de las veces de forma multidisciplinar incluyendo fármacos, terapias físicas (electromagnética, ondas de choque, acupuntura, estimulación del tibial posterior) e incluso apoyo psicológico.

En casos muy severos puede llegar a ser necesario algún tratamiento quirúrgico como la distensión vesical bajo anestesia, Botox intravesical e incluso la cistectomía en casos extremos.

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